Ciencia
El sector científico/tecnológico en Argentina pende de un hilo. La posible desaparición del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y sus implicaciones económicas y simbólicas generan preocupación en la comunidad científica, académica pero también en la sociedad. Presente incierto
Por: Diana Costanzo
2 de diciembre de 2023
Con la llegada de Javier Milei al gobierno nacional, todo indica que el
Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación quedará en el recuerdo: es que no
es parte del esquema anunciado, en principio, por el presidente electo.
La incertidumbre
es más profunda porque las áreas de ciencia y tecnología no están incluidas aún
en ningún organigrama de la reforma del Estado. En la órbita de Capital Humano
quedarán -según se anticipó- los Ministerios de Educación,
Salud, Trabajo y Desarrollo Social.
¿El área de
ciencia será una secretaría, una subsecretaría? Lo cierto, es que, por el
momento, solo se menciona al investigador experto en clonación Daniel Salamone,
quien quedaría al frente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET).
En el caso de que la cartera se vea obligada a desarmarse el impacto será económico, pero también simbólico. "El cierre del Ministerio de Ciencia en términos de ahorro es insignificante, es mucho más fuerte el mensaje político y filosófico" afirma el decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Guillermo Durán.
La cartera
científica creada el 10 de diciembre de 2007 por la expresidenta Cristina
Fernández de Kirchner, tiene como objetivos financiar la investigación y proveer infraestructura a los organismos de todo el país. También promueve el
vínculo entre los sistemas académicos y productivos. Otra de las finalidades es
divulgar la producción de conocimiento y sus aplicaciones para el beneficio de
la sociedad. Sin el sostén político, estas acciones quedarán sin efecto en el
corto plazo.
Entre 2019 y 2023 el presupuesto nacional en esas áreas se incrementó: pasó de 0,23 % a 0,34 % del producto bruto interno (PBI). El aumento se dio en el marco de la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia. Además del Ministerio, la función Ciencia y Técnica incluye en la base presupuestaria al CONICET y a los organismos científicos tecnológicos de otras carteras.
Un lugar
para la ciencia
El Ministerio de
Ciencia, Tecnología, e Innovación tiene la responsabilidad de diseñar e
implementar las políticas y los programas nacionales para el correcto
funcionamiento de las leyes que van en ese sentido. Además, es el soporte
fundamental de la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D). "La
legislación existe, pero puede incumplirse. Ya ocurrió en otros momentos de la
historia argentina" advierte el doctor en física Jorge Aliaga. "Hay muchos
proyectos que sin financiamiento estatal no podrán completarse, como por
ejemplo el reactor modular CAREM que está desarrollando la Comisión Nacional deEnergía Atómica (CNEA) y es pionero a nivel mundial" detalla el secretario de
Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de
Hurlingham.
"En los países
que se ponen como modelos de desarrollo científico y tecnológico, como Israel o
Corea del Sur, el Estado invierte en investigación básica y luego se suma el
sector privado. No existe ningún país sin participación estatal en estas áreas",
agrega Aliaga que acaba de ser elegido -entre tres candidatos propuestos por el
Consejo de Universidades- en representación de las casas de altos estudios.
No está mal recordar que en Argentina el CONICET se encarga de la formación de científicos y científicas, a quienes el Estado les otorga becas de dedicación exclusiva para que luego se desempeñen en el sector público o privado.
Hoy el organismo está bajo la conducción de Ana Franchi, pero además, cuenta con un directorio de ocho miembros: cuatro son representantes votados por las grandes áreas de investigación y los otros cuatro corresponden al agro, la industria, las provincias y las universidades. "La mayoría de los investigadores trabaja dentro del sistema universitario por eso la relación con el CONICET debe ser virtuosa" asegura Aliaga.
Universidades
en alerta
Cuando se conoció
el resultado de las elecciones presidenciales, las autoridades de la Facultad
de Ciencias Exactas de la UBA se manifestaron en defensa de la educación
universitaria pública, gratuita y de calidad. "Lo que alertamos en la campaña
es que teníamos mucho temor a que fueran votadas de manera mayoritaria
propuestas que ya habían enunciado su poco interés por sostener con recursos la
universidad y la educación pública, la ciencia y la tecnología", recuerda el
decano Guillermo Durán. Y coincide con Aliaga: "Aunque existan leyes, soy
escéptico en que se cumplan. Hay un claro mensaje de desinterés al ni siquiera
otorgarle un lugar al área científica. Se habla de investigar solo aquello que
sea rentable cuando se sabe que la investigación científica para obtener
resultados lleva años" señala.
Otra de las
cuestiones a resolver por la futura administración es qué pasará con los
investigadores e investigadoras que tienen aprobado su ingreso al CONICET.
"Todos los días recibimos consultas de jóvenes. Hay mucha incertidumbre",
afirma Durán. Sin embargo, descree que se puedan arancelar los estudios
universitarios: "Es anticonstitucional. Aunque pueden quitarnos los fondos"
admite.
Un futuro
incierto se vislumbra para la ciencia y la tecnología argentina, que parecen
haber quedado atrapadas una vez más en los vaivenes de los gobiernos de turno,
lejos de consolidarse como una política de Estado.
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